El domingo 1 de julio la UNESCO decidió incluir a la ciudad califal de Medina Azahara como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Se trata de un listado en el que se incluyen construcciones únicas que reflejen los distintos momentos históricos y culturales de un pueblo. El caso de Medina Azahara es paradigmático puesto que es una de las más vivas imágenes del esplendor del califato de Córdoba hace ya un milenio.

Medina Azahara fue construida en la última década del siglo X, alrededor del año 936, pero apenas tuvo uso ya que menos de una centuria después fue abandonada conforme el poderío del califato menguaba y comenzaban a surgir los reinos de Taifas, que mermaron la fuerza de los musulmanes en la península Ibérica y su esplendor cultural.

El califa que encargó la edificación de Medina Azahara fue Abderramán III, uno de los mandatarios más importantes de la Córdoba musulmana que engrandeció la ciudad y amplió la conocida Mezquita. Abderramán precisaba de un lugar apartado de la gran urbe que era en aquellos momentos Córdoba (según las crónicas se estima entre 100.000 y 500.000 ciudadanos en plena Edad Media).

El califa eligió un lugar a unos siete kilómetros de Córdoba en el que pudiera descansar del bullicio de la ciudad y gobernar su califato lejos de los problemas que supone una gran urbe. Los intentos de asesinato eran habituales puesto que ante el boato y la riqueza de la corte musulmana yacía una pobreza importante.

Medina Azahara sirvió no solo para alejar al califa de traidores y conspiradores. Desde la ciudad palatina organizó y administró su reino, puesto que al inmenso palacio y sus jardines instaló diversas dependencias. Por ejemplo, el primer ministro de Abderramán III, Yafar, dispuso de una vivienda junto al palacio que destacó por su riqueza. El material utilizado fue el mármol, disponía de patios y jardines, una inmensa estancia y pórticos para el recibimiento de las visitas.

El palacio completo de Medina Azahara tenía también la misión de asombrar y magnetizar a los diversos embajadores que trataban allí con el califa y su cuerpo administrativo. Se cuenta la leyenda de que Abderramán III mandó construir una fuente de mercurio en el centro de un patio. Esta fuente emanaba efluvios rojizos que en contacto con la luz solar llenaba las paredes de un color muy fuerte que dejaba obnubilados a sus visitantes, que se preguntaban si la estancia giraba para recibir los rayos del Sol.

En definitiva, que Medina Azahara disponga del rango de Patrimonio de la Humanidad es un gran triunfo para la ciudad de Córdoba, que tiene en este espectacular monumento una de sus señas de identidad en una economía local que depende en gran medida del turismo.

La UNESCO ha solicitado al gobierno cordobés que emprenda las reformas necesarias para favorecer las visitas a Medina Azahara, apartada del centro de la ciudad y que necesita de mayores infraestructuras para que los turistas puedan fascinarse recorriéndola. Toda inversión es poca puesto que entrar en la lista del organismo de la ONU asegura fuentes económicas que beneficiarán al conjunto de los cordobeses.